domingo, 11 de julio de 2010

LOS MEJORES DEL MUNDO

Muchas son las sensaciones que en estos momentos, horas después de la consecución de la Copa Mundial de la FIFA 2010 por nuestra selección, se me pasean por dentro de éste modesto escriba que desde tiempo atrás soñó con vivir esta situación.
No se trata de ningún 28 de diciembre, no es ninguna broma querido lector, ESPAÑA ES CAMPEONA DEL MUNDO DE FÚTBOL. Y no, no es ningún mundial sub 20 (que ya tiene mérito aunque lo hemos vivido en el 99), ni sub 16, es la categoría absoluta.
Más de 700 astros representando a 32 países de este globo terráqueo se han dado cita en Sudáfrica desde el pasado 11 de junio hasta el día de hoy y, de entre todos ellos, han sido los 23 guerreros capitaneados por el General Del Bosque los que han conseguido elevar su bandera más arriba que el resto y hacerse con esa copa mítica y legendaria dentro del mundo del fútbol de cinco quilógramos de oro puro.
La enseña rojigualda ha brillado como no se recordaba en las calles de las ciudades y pueblos de que recorren la piel de toro. Los españoles, víctimas de la incompetencia política de Zapatero y de la descomposición provocada por la división en Reinos de Taifas (también llamadas autonomías) han dejado de lado sus diferencias y se han sumado a la empresa colectiva de ganar el mundial, demostrando que siguen vivas todas las fuentes genuinas de España.
El partido fue bronco, tenso, propio de una final de tales magnitudes, aunque no falto de emoción y buen fútbol sobretodo por parte de España.
España trató de imponer su juego de toque, herencia de Luis Aragonés (que tiene también su parte de mérito de este triunfo), pero se tropezó con una selección del Reino de los Países Bajos (que no Holanda) que supo plantarle cara y crearle bastante peligro. No obstante, el juego de los naranjas vulneró los principios del juego limpio bajo la complicidad de un pésimo arbitraje del inglés Howard Webb (creo que se escribe así ¿verdad?) que nos ha hecho pensar a más de uno: ''si este es el mejor árbitro del mundo... cómo será el peor''. Una entrada de Bruce Lee... emm, estoo... de De Jong, mereció la más colorada de las tarjetas rojas pero se quedó en amarilla, y así podría enumerar un sinfín de acciones pobremente sancionadas.
En estos momentos he de delatarme y decir que nunca he sido demasiado simpatizante de las ideas de Vicente Del Bosque, más allá del enorme aprecio y respeto que le tengo, puesto que es todo un señor con un comportamiento ejemplar. Discrepé de la lista de 23, creo que Senna, Antonio López, Reyes y, probablemente, Joaquín, estaban mejor que Javi Martínez, Navas, Capdevila, Marchena... y fui y sigo siendo uno de los principales enemigos del doble pivote defensivo que, por mucho que muchos (valga la redundancia) se empeñen en negar, existe, y rompe con la herencia de Aragonés, que jugó en la Euro 2008 con Senna y Xavi como pareja de mediocentros.
Desde aquí felicito a Don Vicente Del Bosque.
También me gustaría hacer una pequeña reflexión sobre los Países Bajos, esa región rebelde de protestantes que un día consiguió derrotar a los tercios españoles de Felipe IV y Alatriste. Esta selección de fútbol deslumbró al mundo en la década de los 70 con sus dos finales perdidas y el legado de Johan Cruyff y compañía de lo que se conoce como ''fútbol total'', ideología futbolística que hoy representan España y el Barça y que consiste en ''tener la pelota como método de ataque y a la vez de defensa''. Pero esa selección neerlandesa ya no es la que era y, pienso, de haber ganado este mundial, hubiera sido la más pobre campeona de la historia y la más injusta, ya que se plantó en la final con enormes golpes de suerte ante Dinamarca, Japón, Brasil y Uruguay.
No me gusta olvidar, porque pienso que el olvido le quita sentido a la vida, por eso desde aquí quiero hacer mención a aquella mañana de junio de 2002 en que un egipcio destrozó el sueño español en Corea del Sur. Lo de Tasotti, Eloy, Cardeñosa, Arconada... no lo viví, pero sí que tuve la mala suerte de ver la decepcionante Eurocopa de Portugal, el penalty de Raúl ante Francia en el 2000, la mala suerte en Alemania 2006, la cantada de Zubi en Francia '98 y la mayor de las desgracias, la de 2002.
Como español, he pasado las 4 horas desde la ceremonia de clausura hasta el final de la celebración con los pelos de punta y doy gracias a los internacionales de nuestro país por haber hecho sonar el himno nacional de esta gloriosa y milenaria nación para todo el mundo.
Ah, y en 2013 volveremos a jugar la Copa Confederaciones.
Desde España, para el mundo... ¡¡¡VIVA ESPAÑA!!!

viernes, 4 de junio de 2010

MI RELOJ Y MI CUADERNO

Gris. Ése era el matiz que coloreaba los cielos de aquella ciudad marina a la que fui a dar después de perderme con mi vehículo personal en esa tarde de otoño de hace algunos años. Una tarde que cambiaría mi vida para siempre.

Y es que la densa niebla que cubría el cielo provocó que terminara pasando la tarde en una taberna tenuemente iluminada donde pude relajarme y poner a escribir en mi diario los sucesos que sobre mí habían acontecido recientemente.

Siempre he sido un sujeto que ha detestado horarios y, estando tan cerca del mar, no quise desaprovechar mi ocasión para hacer de él un acompañante de lujo en una de mis prácticas favoritas: la de pasear.

La llovizna y la densa niebla me impedían observar con claridad la maravilla del golpear de las olas con las rocas que describían la frontera entre los dominios del pueblo y los de Poseidón; pero no me impedían deleitarme con el sonido de murmullo que producen. Parecían susurrarme al oído las historias de los marineros, pescadores y aventureros que habían recorrido sus aguas a lo largo del transcurrir de las centurias.

Luego pasó algo que todavía recuerdo. En la lejanía divisé una mancha negra sobre una de las muchas rocas que marcaban el final de la playa. Una sensación de cosquilleo, a la vez de un misterioso impulso de continuar mis pasos hacia el horizonte noté dentro de mí. Siguiendo mis instintos avancé con paso firme rodeado del misterio seductor que lo que esa mancha negra creía que era me producía.

Apenas unos metros me separaban cuando levanté la mirada y la vi. Parecía que mi corazón y el suyo habían conectado como dos imanes para concentrarnos en el mismo punto geográfico. La ventisca ondeaba su largo y negro vestido que le llegaba hasta sus descalzos pies que posaban sobre una roca de tamaño inferior al de en la que estaba sentada. Sus cabellos lisos y negros se movían en dirección barlovento. Su tez, pálida, cándida y pura apoyaba sobre sus dobladas rodillas con una mirada perdida que atesoraba una belleza incalculable.

No reaccionó ante mi presencia después de oír mis pasos. Rodeados de niebla allí estábamos la misteriosa mujer y yo. Entrecortado y con un poco de miedo, rogué a Dios que si me encontraba dentro de un sueño, no me hiciera despertar. En esa situación, tras sentarme a su lado y quitarme mi reloj y dejar mi cuaderno en el suelo, me dirigí a ella con una voz que temblaba: -¿Se encuentra bien?

Sin alzar la cabeza, me respondió que le sorprendía que hubiera llegado hasta ahí, que la gente la temía y la dejaba sola. Traté de adoptar una actitud cercana a ella para poder sumergirme en los misterios de los que era sede. Quise averiguar a toda costa qué se escondía detrás de esa mirada triste y desamparada.

Hablamos largo y tendidamente varias horas. Sólo después de que cayera la noche y de que ella me pidiera que me fuera a dormir, que necesitaba estar sola, recordé que estaba en un pueblo perdido. Abandoné con tristeza la peña mágica donde continuaba sentada observando el mar esa joven chica que me dijo llamarse Lucía. Ansiaba con esperanza que me diera una voz y que me dijera que vendría conmigo o que volveríamos a vernos, pero no sucedió. Me alojé en una posada esa noche con intención de partir al día siguiente hacia mi ciudad pero observé algo que me hizo cambiar de opinión...

En el bolsillo trasero de mi pantalón había una nota de papel con unos trazos de tinta manuscritos donde rezaba: ''Mañana te espero en el mismo sitio, a la misma hora. Lucía''. En ese momento me sentí completamente feliz, mi corazón sentía algo especial por esa enigmática y bella Lucía. Bajé a comunicar al posadero mi intención de quedarme una noche más, me percaté de que había olvidado en aquellas rocas mi cuaderno y mi reloj y me metí en la cama donde no paré de pensar en ella, en su sonrisa, en sus historias, en su mirada, en su pelo negro movido por el viento, en la palidez de su suave piel...

Allí estuve puntual, como el día anterior... y allí estaba ella esperándome. Esta vez con la cabeza elevada me recibió con una sonrisa. Le comenté que había olvidado mi reloj y mi cuaderno y me respondió: -No te preocupes, te lo devolveré. Paseamos juntos por la orilla del mar conversando sobre libros, sobre historias del pasado pese a que ella rehuía de concretarme demasiado sobre su familia y sus seres queridos. Hablaba de su tierra como algo lejano, como si se encuadrara en un contexto temporal anacrónico.

La lluvia quiso ser testigo del momento en el que me dirigí a ella, le di un fuerte abrazo y al oído le susurré: -Lucía, estoy profundamente enamorado de ti. Te amo y me gustaría acompañarte cada mañana, cada tarde y cada noche en esta solitaria playa. No quiero volver a mi ciudad sino quedarme contigo para contar las olas del mar que se acercan para verte.

Ella me miró a los ojos, derramó alguna pequeña lágrima y me devolvió el abrazo. Alzó mi barbilla con la palma de su mano derecha y me besó apasionadamente. Tenía los ojos cerrados y sólo podía disfrutar de sus labios. Entre mis manos notaba sus cabellos empapados por la fortísima lluvia.

Varios minutos duró ese prolongado beso hasta que Lucía volvió a sugerirme que debía marcharme, que no sabía si volveríamos a vernos.

Llorando desconsoladamente abandoné la playa de la mujer de mis sueños, Lucía, para volver a acudir a la posada. Esta vez no tenía ninguna nota de papel en el bolsillo de mi pantalón. Tampoco tenía mi reloj, pero no me importaba la hora inmerso en semejante dolor.

Al llegar a la posada no dudé en preguntar a mi posadero por esa tal Lucía. Describí su aspecto físico con detenimiento y le conté algunas de las cosas que ella me contó.

El posadero adoptó de inmediato una actitud muy extraña. Y con una mirada de horror hacia mí me dijo: -Esa chica ha sido siempre muy extraña. No se le solía ver por las calles del pueblo y siempre se mantuvo muy distante con los otros chicos de su edad. Dicen que su padre la ha tenido siempre escondida y la ha tratado muy mal.

-¿Me podría decir cómo puedo llegar a la casa de Lucía?, pregunté.

El posadero esgrimió unas lágrimas antes de decirme:

-Hace una semana, Lucía salió con su barca a dar un paseo sola por el mar, como solía hacer siempre. En la playa de las afueras. Un temporal de viento y lluvia se hizo mientras la chica aún no había concluido su paseo. Su barca se hundió y Lucía se ahogó. Dos marineros encontraron su cuerpo sin vida flotando a orillas de esa playa. Lucía está muerta.

Una sensación de la tristeza más absoluta me invadió de repente. El tiempo pareció detenerse y la amargura y el dolor que sentía amenazaban con parar mi maltrecho corazón que había perdido a su compañero y a su musa. Salí de la posada corriendo a toda costa, con todas mis fuerzas mientras la lluvia que diluviaba me golpeaba la cabeza.

No pensaba en otra cosa, solo en llegar a la tumba de Lucía y sobre ella derramar mis lágrimas. Después de mucho buscar por el cementerio de ese pueblo perdido, encontré una lápida donde aparecía el nombre de ''Lucía Martínez''. A los pies de dicha lápida había dos objetos: mi reloj y mi cuaderno.

jueves, 13 de mayo de 2010

Se terminó el desierto

Falta una semana, faltan 5 días, faltan 3 días, faltan 2 días, sól quedan unas horas... y LLEGÓ EL MOMENTO.
Ese momento con el que cientos de miles de aficionados en España llevábamos soñando muchísimo tiempo. Han sido muchos años de disgustos profundos, de varapalos y de frustrados deseos del clásico ''Este año sí''.
Particularmente, he de decir que me resulta difícil narrar con palabras estos momentos, hay que vivirlo, hay que sentirlo.
Cuando vi a Antonio López levantando la Copa, a parte de llevar una hora con los pelos de punta, recordé la cantidad de domingos que salí de la Cafetería Géminis de mi pueblo cabizbajo y echando cuentas afligido por los puntos perdidos.
Recuerdo el día del Bolton, el día del Oporto, el día de la semifinal de copa contra Osasuna, los cuartos de final de Copa perdidos contra Valencia, Sevilla y Recreativo, el gol de Tamudo, los dos goles del Zaragoza en la temporada 2003/2004 y, sin mirar tan atrás, los temidos partidos de principio de esta misma temporada.
Tocar el cielo es una experiencia que puedo decir que he vivido tras el gol de Forlán. Fue despedirse de la condición de pupas, fue despedirse de tantas desgracias que nos han perseguido en los últimos minutos de tantos y tantos desafortunados partidos.
El partido fue de leyenda, de los que son dignos de una final europea de la talla de la Europa League, una competición que, pese a ser la hermana pequeña de las competiciones de clubes europeas, ha visto pasar a equipos como el Líverpul, la Juventus de Turín, el Sporting de Lisboa, el Valencia, el Villarreal, el Galatasaray, el Hamburgo y otros tantos históricos europeos. Ha sido una competición cara y el triunfo colchonero ha sido inmensamente meritorio.
No podemos olvidarnos de tantos jugadores que han contribuido, aunque muy paulatinamente, a ir acortando las distancias con la gloria perdida durante los últimos años. Hablo de Maniche, de Maxi ''La Fiera'' Rodríguez, de Martin Petrov, de Demis Nikolaidis, de Fernando Torres y alguno más que me quedo en el tintero.
La generación de veintiañeros y aledaños hemos podido ir a Neptuno y vivir la grandeza de este equipo en primera persona. Aquellas historias que nos contaban nuestros padres sobre la final de la Copa de Europa contra el Bayern, aquellas ligas, el doblete que viví con solo 5 años... se convirtieron en leyenda; y la leyenda, en mito... pero ahora lo hemos podido vivir. Hemos comprobado que la leyenda es cierta y que la realidad supera todo tipo de ficción.
No quiero ni imaginar otros 14 años sin títulos, espero que la espera, esta vez, sea de solo una semana, y que el Bayern reciba su venganza en la Supercopa de Uropa.
Gracias Padre, por haberme hecho del Atleti.

lunes, 29 de marzo de 2010

Tres años sin ti




Como bien dice el sabio refranero castellano del que siempre se puede tirar para cualquier cosa sin recibir jamás defraude alguno, el tiempo lo cura todo.


Y es que la cuarta dimensión atrás deja todo y a todo mortal fuerza a olvidar viejas preocupaciones para en cosas nuevas centrarse e ir sumiendo a cada uno de todos ellos en una constante renovación de cuerpo y mente para, años después, decir: ''Ha llovido mucho desde entonces''.


Esa frase entono yo ahora con nostalgia y melancolía: ''Ha llovido mucho desde entonces'' pese al dudoso cambio climático y pese a que tres años no son una cantidad escandalosa.


El querido lector, si lo hubiere (y englobo también a las personas cuya pareja de cromosomas número 23 es XX y no XY, aunque la inteligencia de Bibiana no le alcance para entenderlo) se estará preguntando qué es ese misterioso objeto de la redacción de la actualización presente del blog de este tío: ¿Una mujer?, ¿Un familiar?, ¿Un amigo?...


Están equivocados. No recuerdo exactamente cuándo pasó pero sé que fue en 2007 y, calculo, en los meses de abril-mayo cuando Yo, Fernando y no sigo, me dirigí hacia la tienda más cercana a mi casa (de esas que antaño llamaban de Ultramarinos) para disponerme a ejecutar la operación comercial de compra del desayuno del día siguiente: UN PAQUETE DE CEREALES MEGA DE PASCUAL. Hasta ahí, todo bien... el problema vino al día siguiente, o probablemente esa misma noche... cuando tuve la idea de hacer una cosa con el paquete de cereales que, quizás, nunca debí hacer: abrirlo.


En esas décimas de segundo observé una imagen tan desagradable como la de visualizar un fantasma debajo de la cama de tu alcoba, mis cereales tenían una forma ligeramente distinta a la que habían tenido durante la década anterior desde la que me venían acompañando en cada mañana.


Fue ahí, y no en otro momento, cuando las peores sospechas se me vienen a la sesera. Los cereales, copos de maíz inflado azucarados para la información de mis lectores y lectrices (toma, Bibiana, te hago caso ¿Estás contenta?) tenían la misma forma que el resto de cereales homólogos de otras marcas como los Frosties de Keloggs o los de marcas blancas, véase Carrefún (sí, Cursi, sé que se dice Carrefour) o Erosqui (sí, lo pongo con q ¿Pasa algo?).


Después de aplicar breve y rápidamente los conceptos básicos de la lógica de Aristóteles llegué a la siguiente y nociva conclusión:


''Si mis MEGA de Pascual han adquirido forma del resto de marcas, significa que su sabor pasará a ser el mismo que el del resto de marcas y, por ende, tendré que olvidarme de ellos para siempre y asumir que pasarán a formar parte de mi pasado''.


Aquella vez fue en la que menos ganas de tener razón de todas las que he pasado en mi vida.


Así fue y, desde entonces, otras alternativas de desayuno como las galletas Tosta Rica o las Estrellitas han tenido la difícil misión de hacerme olvidar, lo máximo posible, aquellos legendarios cereales antiguamente llamados SUGAR C, cuyo nombre cambió 1 o 2 años antes de la tragedia, aproximadamente.

Desde entonces, una parte de mi vida cambió. Ningún desayuno volvió a ser lo que era sin su presencia. El sonido del despertador me empezó a causar hastío y pereza en lugar de alegría y emoción de épocas pasadas al imaginarme comiendo mis cereales en breves minutos.

No sé qué fue de ti, me planteé llamar a PASCUAL en su día para preguntarle dónde te fuiste, pero no me atreví y ahora es demasiado tarde.

Estés donde estés quiero agradecerte tantos minutos de buenos desayunos juntos y decirte, ahora que se cumplen tres años desde que me abandonaste, que NUNCA TE OLVIDARÉ.

sábado, 20 de marzo de 2010

Una generación de lágrimas

Corría el año del señor de 1996, fue un sábado 25 de mayo de ese mismo año. El Partido Popular de Aznar había sacado del Poder a Felipe González tras más de una década de mandato, Bill Clinton es reelegido a los mandos de la Casa Blanca, el grupo musical ''The Ramones'' anuncia su disolución, los talibanes afganos toman Kabul, Atlanta se preparaba para acoger una nueva edición de los Juegos Olímpicos a la par de Inglaterra, para la Eurocopa y... el Atleti confirmó su noveno y último, hasta la fecha, título de liga y su primer doblete de su historia.
Era un infante, tenía 5 años y sólo recuerdo algunas imágenes aisladas y borrosas que se me vienen a la cabeza de aquel mágico día a las puertas del verano, a punto de concluir un año en que derramé no pocas lágrimas a su inicio en mis primeros días de cole al ver que mi madre tenía que dejarme sólo con mi maestro, Don Vicente, a quien aún tengo el placer de saludar cuando lo veo por la calle. Ese día, 25 de mayo, yo estaba en casa de mi abuela, recuerdo que mi padre salió a ver el partido y yo tuve que conformarme con ver retransmitido, creo que por tve, el carrusel de partidos de la última jornada de la liga 95/96 en la que Valencia y Atleti se disputaban el título. Con el final del partido recuerdo la invasión de campo y a mí, saliendo a la puerta de la casa de mi abuela a saltar de alegría, el Atleti era campeón de liga y copa.
A la llegada a mi casa mi Padre fue a recogerme, recuerdo cómo me dijo: Fernando, ponte esta camiseta, que es rojiblanca. Era un polo con tres franjas horizontales, la del medio blanca y las otras dos de un color rojo poco vivo. Tras embarcar en el difunto Peugeot 205, entramos en el bar que alberga la sede de la peña Atlética del pueblo y, cuando cierro los ojos, todavía siento tener delante de ellos esa pancarta de la peña atlética montehermoseña y decenas de ornamentos rojiblancos que acompañaban un ambiente festivo con el himno del Atleti sonando de fondo a todo volumen. Los cláxones sonaba, los cohetes invadían el cielo del parque príncipe Felipe de Montehermoso, la fuente era rojiblanca... y es ahí donde mis recuerdos cesan y despierto de un sueño que no se ha vuelto a repetir. Ahí comenzó la peor época de la historia de este glorioso equipo, la época de esta generación de casi veinteañeros que ha llorado mucho y que ha reído más bien poco.
La siguiente temporada, la 96/97, nos hizo disfrutar de un estatus de nuestro equipo que no he vuelto a recordar... los Bollycao regalaban cromos de los futbolistas del Atleti, los mercadillos y puestos de moros se poblaban de colgantes, pulseras y todo tipo de accesorios del Atlético de Madrid en igualdad numérica con Madrid y Barça... La temporada terminó con un 5º puesto y una dolorosa eliminación de la Champions con un gol de Dani Carvalho y un penalti fallado por Esnaider, no vi el partido pero sí recuerdo las palabras de mi padre explicándomelo a su llegada. Era muy tarde el fútbol y había cole al día siguiente, así que mi madre no podía dejarme verlo.
Eran los últimos coletazos de una época dorada que dibujó un ancla en nuestro corazón que se ataría eternamente a los cimientos de esta gloriosa institución que pocas alegrías nos volvería a dar.
A la temporada siguiente, 97/98 arribó al Manzanares el vigente campeón de Europa con la Juve, Cristian Vieri, Il capo Cannoneri, que nos hizo saltar de alegría y darnos muy buenas tardes pero... el Lazio de Roma nos apeó de nuestro sueño europeo en semifinales de la Copa de la UEFA en la que vimos a un Vieri hacer magia con un gol imposible al PAOK de Salónica y eliminar, entre otros, al Aston Villa o al Leicester City. Quedamos séptimos y clasificamos para jugar UEFA al año siguiente, donde volveríamos a llevarnos un importante palo en semifinales, una vez más a las puertas de la final, esta vez ante el Parma, tras eliminar a Real Sociedad y AS Roma. Otras cuantas lagrimitas que pudieron haber cesado con la final de la copa del Rey, ante el Valencia. Pero no pudo ser. Eran ferias en mi pueblo y vi el partido con un vecino pero... el Valencia pasó por encima y... casi.
Meses después, la UEFA decide permitir 4 reprsentantes para la liga de campeones a la liga española, lo que nos permitía soñar con volver a la Champions con el nuevo y reluciente equipazo formado por hombres como Molina, Chamot, Gamarra, Capdevila, Hasselbaink, Baraja, Valerón, Hugo Leal, Solari, José Mari, Kiko y algunos héroes del doblete que pervivían como López, Toni Muñoz o Geli.
La pesadilla comenzó con un aviso en forma de derrota en casa ante el Rayo Vallecano. Las derrotas fueron poco a poco convirtiéndose en el pan nuestro de cada domingo. Siempre con mala suerte, siempre a punto, pero siempre perdíamos... Salvo algún pequeño oasis como la victoria en el Bernabéu, el equipo se hundía y, lo que en principio parecía una broma de madridistas, se convirtió en una dolorosa realidad en Oviedo. Último minuto, penalti a favor del Atleti, Hasselbaink lanza y retiene Esteban... el Atleti del doblete, de los cromos de los Bollycao, de los colgantes de los puestos de moros, de las dos semifinales de UEFA, el que me hizo saltar de alegría en casa de mi abuela... se iba a segunda.
No quiero recordar la final de copa perdida ante el Español, por segundo año consecutivo y con el garrafal error de Toni Giménez Sistach ante Tamudo. El fútbol fue muy injusto con este equipo... le privó de ganar 2 copas, nos quedó 2 veces a las puertas de la final de la UEFA y nos había mandado al infierno.
Un añito en el infierno que se convirtió en 2, tras el gol del Tenerife en la última jornada y la victoria injusta del Betis ante el Recreativo que nos condenó a un año más de dolor en segunda división. En esa misma temporada tuvimos que ver cómo el equipo caía eliminado en semifinales de la copa ante el Zaragoza.
En la temporada 2001-2002 regresó Luis Aragonés y de su mano y de otras como la de Diego Alonso volvimos a primera, una pequeña sonrisa para celebrar nuestro centenario donde nos correspondía.
Luego llegó un desierte de alta sequía como nunca se recuerda en que el Atleti cerró su primera década en la historia sin títulos.
Cada Verano soñábamos con esa frase ''Este año sí'', pero nuestras esperanzas se nos veían prontamente cohartadas entre Patos Sosas, De los Santos, Nanos, Kikis Musampas, Emersons y toda una colección de incompetentes. Recuerdo la derrota en la final de la Intertoto ante el Villarreal, recuerdo la derrota ante el Zaragoza, cuando nos metieron en 2 minutos dos goles que nos privaron de volver a Europa, una Europa que la miràbamos cada vez más lejana. Aquellos partidos contra la Roma o el Aston Villa quedaban muy atrás, más aún los Borussia de Dormund o Ajax de Amsterdam.
La temporada siguiente, con Ferrando en el banquillo, vimos cómo el Osasuna de Pablo García nos apeaba de la copa el semis y cómo cerrábamos una desastrosa temporada en el 12º lugar. La siguiente, con Kezman, Bianchi y compañía, nos volvimos a estrellas con una pobre participación en copa y en liga, 10º clasificado.
Fue con la llegada de Aguirre cuando conseguimos volver a Europa tras una temporada amarga en la que al final nos quedamos 7ºs. Fue menester eliminar al Gloria Bistrita de Rumanía, con más pena que gloria, para regresar a una copa de la UEFA en la que caímos mediocremente contra un mediocre Bolton y con una mediocre imagen. También fuimos apeados de la copa ante el Valencia, en cuartos, con un regalo de Pablo Ibáñez en el partido de ida.
El 4-0 al Schalke 04 nos hizo pensar que volverían las glorias pero, el Oporto se encargó de devolvernos a la tierra.
Así llegamos a esta temporada, mediocre, inmensamente mala en Champions pero... en la final de la copa y el cuartos de la Europa Liga. Ya no lloro en clase porque mi madre se va, ya no juego en el rincón rojo con tente, plastilina, power rangers y playmobils... todo ello ha sido substituido por otros niveles metarregulativos.
El fútbol nos lo debe, el Sevilla ha vibrado con 2 UEFAS, 1 copa y 2 supercopas, el Valencia nos eliminó de la copa del 2008 y nos ganó la final del 99 además de haber levantado 2 ligas, 1 uefa y 2 copas en la última década. El Liverpool ha sido campeón de Europa y un poco ladrón en la Liga de Campeones pasada...
La justicia tiene que existir, la alegría tiene que existir...
Esta generación que ha llorado con al descenso, que ha visto a Toni perder la pelota ante Tamudo, que ha visto a Esnaider fallar el penalti, que ha visto al Oporto eliminarnos de la Champions, que ha visto a los eternos rivales disfrutar, que ha visto el infierno de segunda, que ha sido engañada año tras año con el lema ''este año sí'' merece una alegría.
Copa o UEFA, o las dos... Este equipo merece un título.
Esta generación merece cambiar las lágrimas por risas.

lunes, 1 de marzo de 2010

Rutina y... ¿qué más?


Pues, y una vez más, pese a que no tenía por qué, amaneció como cada día y ese frío y carente de sentimiento alguno sonido de los motores del ferrocarril me transportaba, una vez más, a la rutina diaria. Ésa que, pese a cada jornada la llevas a cabo a rajatabla e incuestionablemente, te convierte en una pequeña mota de polvo en la inmensidad de una capital que te ha convertido en un androide en procesión. Y es que el despertador suena y, entre desayunos, duchas, pequeños y fracasados intentos de estudiar, metro, clases, paseos (si Dios quiere) y noches de ordenador, esperas encarecidamente cada día que un pequeño viento de extrambótico pigmento aparezca de algún lugar atemporal y aporte algo nuevo al circuito que diariamente recorres como una neurona programada por la Providencia. Hoy es uno de esos días en los que el vendaval de luz y de esperanza aplazó su acto de aparición. Tal vez se esté haciendo esperar, tal vez se esté reservando para un momento más adecuado, tal vez.... no exista. Mientras tanto, la poca libertad y las pocas ansias de sueños que nos permite utilizar la recaudadora de impuestos de la vida interior (la Rutina), las gastaremos en seguir esperando esa lluvia de sal que dé sabor a una comida que comes pero nunca te planteas por qué.

Si giras tu cabeza puedes ver en el cielo la luna que cada noche te contempla a la vez que actúa de fidelísima y noble confidente. Exámenes y pruebas duras aguardan mientras que tienes la dificultad de prepararlos con esa magna desgana automática.

En mi condición de garbanzo (probablemente el negro o cura, como se dice en mi pueblo) dentro de una gran olla, desde mi posición de robot programado y automatizado quiero clamar idealistamente esa pizquita de libertad requisito indispensable para decir adiós, aunque sólo sea de manera momentánea, a estos grilletes que tú nos impones, Sra Rutina.

Que el Señor cuide de sus súbditos, perdone nuestros pecados y nos lleve a la Vida Eterna.

Amén.

domingo, 21 de febrero de 2010

La peineta de Aznar

Hace algunos días nuestro ex presidente del Gobierno, José María Aznar, provocó las delicias de aquellos que sentimos náuseas cuando vemos a ciertas pandillas de calamares (pero sin sabor) ladrando, al modo del más baboso de los perros, consignas faciloides, sencilloides y faraónicamente demagógicas.
Eso fue lo que hacían una serie de, ut supra dixit, calamares sin sabor ni ideas en la facultad de Económicas de la Universidad de Oviedo, a lo que el ex presidente respondió con una peineta (en la foto) que hizo en nombre de muchos millones de españoles.
La clásica propaganda izquierdista quiso utilizar el gesto, como de costumbre, para identificar a la derecha con los malos modales en las formas (caso de El País, cronista del Gobierno) o, simplemente, criticar al ex presidente (como es el caso del Púbico). Lo cierto es que los calamares insípidos estaban llamando ''asesino'' y ''fascista'' (palabra favorita, y probablemente única en el vagaje político, de la izquierda enfurecida e iletrada) a Chema Aznar.
Lo que la Propaganda Izquierdista olvida son las muchas reacciones perrunas de periodistas afines, como Daniel Anido, María Antonia Iglesias o la banda de los titiriteros esgaeanos, sin ir más lejos.
Hoy, los mismos que defienden a Garzón (el cazador, el que pide millones a Botín y los recibe, el que no quiso que Marlaska se hiciera cargo del Chivatazo del Faisán) se llenan la boca de malas palabras hacia Aznar. Olvidan (al igual que lo olvidan cuando critican furtivamente a la Iglesia) que Aznar es una persona, con sus manos, sus piernas, su cabeza, su cuello y su tronco (a lo Cristiano Ronaldo, eso sí). ¿Pero qué es eso del protocolo? ¿Pero qué es eso de la educación de la que habla el púbico diario Púbico? La que tienen esa panda de calamares quienes lo llaman terrorista y asesino y la que tienen ustedes, perdona, VOSOTROS, promulgando cada día en esas basurientas páginas el odio a todo lo que se salga de vuestro pensamiento único y uniformista teñido, eso sí, de una defensa hipócrita y sectaria de esas cosas de las que tanto os gusta hablar ''tolerancia'', ''respeto'' y blablabla. Eso es lo que son: blablablases, palabras sin sentido. Y eso es lo que sois: periodistas sin escrúpulos y obsesionados con algo que, desgraciadamente, tenéis: PODER.