jueves, 16 de mayo de 2013

El Atlético de Madrid


Ocho rayas. Cuatro rojas y cuatro blancas. Un pentágono rematado por un pico simétrico en su parte inferior con dos lados paralelos en su parte superior. Siete estrellas decoran el triángulo rectángulo azul que coronan su mitad norte con el oso y el madroño, símbolo de la ciudad de Madrid, vieja capital del imperio donde nunca se ponía el sol y la tierra que nos vio nacer.

Es el escudo del Atlético de Madrid.  Ese que al mirarlo parece sonreírte, ese escudo que nos invita a a refugiarnos en él. Un pentágono que nos mira con la complicidad de un padre protector en cuyo hogar habita una de las más fraternas y numerosas familias del mundo. Las rayas rojas y blancas llaman la atención, destacan, chillan. El color de la pasión y herencia de la cuna castellana, sumado al color de la luz y de la armonía. Cuando lo observamos, sentimos lo mismo que al posar frente a un espejo. Ese escudo nos refleja a nosotros mismos. Ese símbolo somos nosotros. Ese pentágono está dentro de nosotros, como nuestra sangre, como nuestro apellido, como la lengua que hablamos, como la persona a la que amamos, como nuestros padres, como nuestros abuelos.

Un simple elemento gráfico, un significante, un ente material que simboliza una realidad difícil de definir y que a día de hoy constituye uno de los interrogantes más longevos y místicos del fútbol y de deporte mundial. Una pregunta difícil cuya respuesta solo conocemos los partícipes de esta enorme familia que comparte una bendita locura llamada Atlético de Madrid.

Bendita locura es la primera definición que consigo articular en forma de palabras para dar consistencia al gran misterio de lo que significa este club. La propia Real Academia Española define este término como privación del juicio y del uso de la razón. Y lo que representa ese escudo que nos sonríe cuando con él cruzamos nuestra mirada es un atentado contra la lógica y el raciocinio, su contenido no responde al orden racional.

Insisto en la necesidad de pertenecer a esta familia para poder entenderlo. Yo soy uno de los elegidos, uno de los ungidos con las rayas rojiblancas al nacer y que experimenta todo lo anteriormente expuesto.

El Atlético de Madrid es un refugio del Romanticismo en un mundo donde ya no quedan románticos. Una fortaleza inquebrantable y resistente a cualquier tipo de orden lógico que pretenda, mediante la razón, desbaratar la locura que nos hace felices y que forma parte de nosotros. El Atlético de Madrid es una ciudad amurallada en cuyo interior resiste una imperturbable comunidad de soñadores ungidos al nacer con el rojo de la sangre y la luz de una verdad indefinible. Nuestra verdad.  

Frente a los éxitos frecuentes, al poder y a la grandeza entendida como una acumulación de bienes materiales, existe otra grandeza. La irracional, la de los sueños, la intangible, la del Atlético de Madrid. La grandeza de esos románticos atrincherados que sueñan con imposibles convertidos en posibles gracias a la fuerza de esos sueños. La grandeza de esos románticos que evocan tiempos pretéritos gloriosos al mismo tiempo que mantienen viva la sonrisa de ese escudo a pesar de que la realidad a veces sea oscura. Porque al igual que el Atlético de Madrid forma parte de nosotros, nosotros formamos parte del Atlético de Madrid. Nosotros somos el Atlético de Madrid. Y del mismo modo que el escudo nos sonríe cuando lo miramos, nosotros le alentamos cuando la coyuntura eclipsa su imperturbable sonrisa. Imperturbable porque cuenta con el infranqueable e inagotable apoyo de esa comunidad de soñadores.

Como he comentado, el Atlético de Madrid es una ciudad amurallada con todos esos locos dentro. Una ciudad amurallada que vive en el corazón de ese niño que en una clase de 20 decide ser el único en distinguirse de los demás portando la zamarra rojiblanca que un día Juan Elorduy nos trajo de Southampton. Una familia que no se doblega a las seducciones del poder y del éxito material y que es capaz de resistir con firmeza en la convicción de que la verdadera grandeza se adquiere por otros cauces. Una bendita locura que corre por la sangre de los que estuvieron en el Carlos Tartiere, de los que gastaron su tiempo y dinero en viajar a Stuttgart, a Bruselas, a Hamburgo, a Mónaco, a Bucarest, a Zaragoza, a Sabadell... Una llama rojiblanca que habita en ese anónimo que cada domingo está pendiente de la radio o de la televisión, en cualquier parte de España y del mundo. Ese que gasta su dinero en una entrada para vivir más de cerca las emociones en el Vicente Calderón. Es ese desconocido que nos saluda cuando nos ve ataviados con nuestros colores, nuestra seña de identidad.

¿Por qué nos saluda? Porque no es un desconocido. Forma parte de esa familia paralela y unida que se atrinchera dentro de la ciudad de los románticos que en pleno siglo XXI evocan los valores caballerescos, luchadores e irracionales que los hacen diferentes. Es un hermano, un compañero de esa trinchera en la que resistes cada domingo después de perder incomprensiblemente. La trinchera donde resististe dos años en el infierno, donde te da la sombra del vecino más coloso del mundo. Pero de donde asomas la cabeza de vez en cuando para decir a España y al mundo que somos el Atlético de Madrid, una familia cuya grandeza es eterna, indescriptible e insuperable.

No son once jugadores que golpean una pelota. Son once guerreros que portan en su pecho el escudo del Romanticismo, de la irracionalidad, de los sentimientos, de la hermandad rojiblanca. Un escudo que representa una forma de vivir, una auténtica cosmovisión, una forma de ser caracterizada por el predominio de los sueños en detrimento de lo material y lo racional. Ser del Atlético de Madrid es ser, ante todo, un soñador profesional. Es despertar con el anhelo de deseos imposibles y dormir recordando aquel gol. Es la anteposición del corazón a la cabeza, el triunfo del alma sobre el cerebro. Es el idealismo encarnado y manifestado en unos colores. Es decir sí a una vida repleta de emociones. Es encarar cada día la realidad de un modo pasional, intenso, sensible y exaltado. Es guardar en tu bolsillo un llavero con ese escudo que te contagia de su sonrisa en los momentos duros. Es recordar aquel partido y ser feliz por unos segundos. Es una parte de nosotros, es una parte de ti. Es un sentimiento, un conjunto de sentimientos, una realidad a la que amamos porque en nuestro corazón pasional y soñador hay sitio para esa locura tan inmensa. Es elegir el camino difícil, pudiendo elegir el fácil. Es elegir la aventura, pudiendo elegir la comodidad. Es elegir ser pobre, pudiendo elegir ser rico. Pero lo que olvidó don Santiago Bernabéu es que seremos pobres en dinero, pero ricos en amor.

¿Qué es ser del Atleti? El Atleti eres tú. No cambies, hermano.

jueves, 28 de marzo de 2013

martes, 19 de marzo de 2013

Alcalá, una ciudad 'Erasmus'


Alcalá de Henares es una ciudad imbuida de espíritu universitario y con una gran cantidad de alumnos extranjeros que ponen la nota de color al crisol de culturas que es hoy la vieja cuna de Cervantes. Cada año, centenares de alumnos de todas partes de Europa eligen Alcalá como destino para pasar unos meses que no olvidan.
Alcalá de Henares es una ciudad que desde hace siglos vive a la sombra de la capital de España, Madrid, de la que dista a tan solo 31 kilómetros. Sin embargo, su universidad y su recinto histórico todavía conservan la esencia de tiempos pretéritos y una belleza que le ha llevado a ser declarada Patrimonio de la Humanidad por la Unesco en el año 1998.

Una ciudad cultural y universitaria

La ciudad complutense es una villa que no se entiende sin su universidad y sus universitarios, un carácter que la hace especial y que la dota de su razón de ser. Aproximadamente un 10 % de la población que cada día transita por sus calles es universitario. La actual Universidad de Alcalá de Henares (UAH) cuenta con un total de 19.000 alumnos de grado y otros 9.000 que cursan enseñanzas superiores, lo cual convierte a esta ciudad en un auténtico foco cultural como lo fue durante todos los siglos anteriores.

Alcalá cuenta con unos 400 alumnos Erasmus procedentes de toda Europa
Sus monumentos, su historia, su universidad y su cultura llaman cada año la atención de centenares de jóvenes estudiantes europeos que la eligen como destino para desarrollar el programa Erasmus. Aproximadamente unos 400 alumnos de los que habitan la universidad alcalaína son Erasmus. “Alcalá te permite por un bajo precio estar a pocos kilómetros de una gran ciudad. Tiene todos los servicios de una ciudad, es muy económica y al ser pequeña te permite sentirte en familia. Puedes ir andando a todas partes”, con estas palabras resume   Francisco Miguel Fernández García, presidente de la ESN de Alcalá, las ventajas de elegir Alcalá para los estudiantes Erasmus.





La Erasmus Student Network (ESN)

La Erasmus Student Network es una asociación sin ánimo de lucro que se encarga cada año de ayudar a los estudiantes Erasmus a integrarse en la ciudad durante sus primeras semanas de estancia. En colaboración con la universidad, realizan todo tipo de actividades para hacer posible que los chicos y chicas extranjeros puedan crearse “su propia familia”, tal y como hablaba  Francisco Miguel Fernández, que además destaca su fácil y rápida integración.



Evolución del presupuesto Erasmus

Actualmente, 400 alumnos con beca Erasmus cursan sus estudios en la UAH, una cifra que hace solo dos cursos llegó a superar los 500. De ellos, la mayor parte provienen de Alemania, Italia y Francia, exactamente 223 estudiantes, aunque en su conjunto los hay de todas partes de Europa y también del mundo, gracias a las becas de movilidad Munde. En cuanto a la distribución de los alumnos Erasmus por facultades y áreas del conocimiento, es destacable que más de un cuarto del total se ubique en la órbita de las ciencias económicas y en el amplio abanico de titulaciones de esa área, aunque las titulaciones de Humanidades también reciben un amplio número de extranjeros.

La ESN es una ONG que cada año se dedica a ayudar a la integración de los estudiantes Erasmus
Estos centenares de jóvenes inyectan un buen empujón económico a la ciudad, tal y como destacan desde la ESN: “La mayoría de los negocios de centro de Alcalá se nutre del efecto de los Erasmus y los estudiantes, en general”. A los alquileres,  consumo en hostelería o visitantes que arrastra su presencia, debe sumarse el alto poder adquisitivo que suelen tener los estudiantes Erasmus.

De hecho, Francisco Miguel Fernández nos alerta de la tendencia hacia el elitismo que se está produciendo a la hora de que los estudiantes puedan disfrutar de estas becas. “Los fondos europeos ahora son escasos, rondan los 270 €. Necesitas una aportación extra para irte. Marcharse ‘de Erasmus’ va a ser más difícil, puede volverse elitista”.

Los estudiantes con beca Erasmus suelen repetir la experiencia. Alcalá es una ciudad que se encuentra a la sombra de Madrid y ello repercute a la hora de que sea conocida en el resto del mundo. Estos jóvenes que cada año la visitan propagan por el mundo las bondades de una ciudad como Alcalá, cuna de Cervantes y Patrimonio de la Humanidad. Desde la ESN de Alcalá se nos aseguró que “la mayoría de estos alumnos quedan encantados cuando se marchan y muchos suelen volver a visitar la ciudad y a su ‘otra’ familia”.

Las estatuas de bronce de Don Quijote y Sancho Panza que se encuentran en un banco junto a la casa-museo de Miguel de Cervantes son el lugar favorito de los estudiantes extranjeros para fotografiarse. Del espíritu caballeresco del famoso hidalgo de La Mancha quedan imbuidos los Erasmus durante sus meses de presencia en la villa complutense. Una ciudad, Alcalá, que tal y como nos dijo Francisco Miguel Fernández, “debe venderse más, debe explotar más el sector turístico como salida a la crisis”. Y motivos tiene de sobra para hacerlo. Alcalá debe seguir el ejemplo de los Erasmus para promocionarse más de cara al exterior y enseñar al mundo las maravillas que alberga.

miércoles, 13 de marzo de 2013

Las formas de Chávez


Hace una semana falleció el líder venezolano Hugo Chávez debido a un cáncer que arrastraba desde años antes. El presidente del país sudamericano pasará a la historia no solo por sus obras, sino también por sus formas, tan atípicas en un hombre dedicado a la actividad política. 

Hugo Chávez era espontáneo, un señor de la calle más como cualquier otro que pudiéramos encontrar paseando por Caracas, Maracaibo o Barquisimeto. Acostumbrado a lidiar con seres endiosados que parecen provenir de otras esferas, al ciudadano medio que veía a Chávez por televisión le extrañaba su lenguaje controvertido y políticamente incorrecto, su interactuación directa y cercana con la gente, sus expresiones coloquiales, su temperamento y su naturalidad que tan poco frecuente son y que nada tienen que ver con los planes de esos asesores de imagen que calculan hasta el último milímetro de las apariciones públicas de nuestros políticos.

Quizás por todas estas facetas Chávez era un hombre muy querido por una parte muy importante del pueblo venezolano. El mandatario bolivariano huía de eufemismos y narraba la realidad tal y como la veía y sin ninguna intención de ocultarla con bonitas palabras. Al pan, pan y al vino, vino. El comandante fue calificado frecuentemente de populista por aquellos que utilizan gratuitamente este término cada vez que ven algo que no les gusta, pero Hugo se comportaba como uno más porque simplemente lo era y esa actitud se echa de menos por la gente en la política de nuestros días. Buen ejemplo de ello fue la buena acogida de la que gozaron las palabras del rey tras pronunciar su famosa frase de “por qué no te callas” a Hugo Chávez, precisamente. Los ciudadanos no quiere semidioses, quieren personas normales que las dirijan.

martes, 5 de marzo de 2013

La gente está harta

Las elecciones italianas han dibujado un escenario muy complicado para el país transalpino. Las fuerzas tradicionales pierden votos y protagonismo, al mismo tiempo que la abstención gana terreno y surge el Movimiento 5 Estrellas, de Beppe Grillo, que irrumpe con fuerza y logra una cantidad de papeletas cercana a la de los dos grandes partidos. Si a la abstención, del 25 %, sumamos el porcentaje de sufragios obtenidos por Grillo, nos encontramos con que prácticamente la mitad del electorado italiano ya no cree en el sistema que le ha venido rigiendo durante décadas. 

La gente está harta de la situación política que atraviesa Italia y en este caso los hechos son extrapolables a otros países de nuestro entorno. El tecnócrata Mario Monti, colocado por la Unión Europea en el sillón presidencial, apenas obtuvo poco más del 10 %. Los italianos no creen en Europa ni en las políticas austeras que les han venido imponiendo desde Bruselas, pero al mismo tiempo están perdiendo a pasos agigantados la fe en los partidos en los que siempre han confiado. Corrupción, paro, déficit, deudas, menos prestaciones y la situación de peligro que corre el Estado del Bienestar han terminado por minar a una ciudadanía escéptica con todo, decepcionada y con pocas esperanzas.

El viejo continente atraviesa por un momento de caos, miedo e incertidumbre. La tendencia marcada por los comicios italianos seguramente se verá reforzada por próximos compromisos electorales que se produzcan en otros países europeos. La gente está harta y, cuando tiene la oportunidad de hablar en las urnas, así lo deja de manifiesto.

miércoles, 27 de febrero de 2013

España, 32 años después


Han transcurrido 32 años desde que se produjo el intento de golpe de Estado del 23 de febrero de 1981. Aquella emblemática fecha, ya popularizada como 23 F, supuso todo un desafío para una democracia que, entonces, daba sus primeros pasos hacia su consolidación.

Por aquellos tiempos, los españoles realizaron un gran esfuerzo para superar los fantasmas del pasado y lograr consensos que permitiesen la creación de una España donde todos pudieran convivir. Una España sin vencedores ni vencidos que mirase al futuro en la búsqueda de prosperidad.

Hoy, después de tres décadas, aquel espíritu de consenso no es más que un vago recuerdo pasto de las llamas del rencor y de la división. El primero de los síntomas no es otro que el auge del separatismo catalán, que tiene en jaque al Estado hasta el punto de que, en dicha región, hace ya muchos años que no rigen ni la constitución ni los tribunales.

Por otra parte, un importante sector de la política española ha vivido y vive empeñado en querer dar la vuelta al resultado de la guerra civil tres cuartos de siglo después. La idea de mirar adelante y de superar los traumas que ha vivido nuestra nación durante buena parte de su historia ha sido sustituida por un revanchismo y un espíritu guerracivilista cada vez más presentes en los círculos de la izquierda, tanto a nivel social como político. La ley de Memoria Histórica fue una clara prueba que apunta en esta dirección.

La ilusión que había entonces por construir una España nueva y próspera se ha tornado en una decepción y malestar crecientes entre una ciudadanía asolada por el paro y la corrupción. Han pasado solo 32 años pero, como diría Alfonso Guerra, a esta España no la conoce “ni la madre que la parió”.

lunes, 25 de febrero de 2013